La lavanda necesita sol directo, potente y durante muchas horas al día (mínimo 6 horas de sol directo). El sol es lo que hace que sus hojas tengan ese color verde grisáceo característico y, lo más importante, es lo que activa los aceites esenciales que le dan su aroma tan relajante.¡Aroma y relajo para tu jardín o balcón abierto!